¿Cadena perpetua al hambre o hambre cero?

El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas señala que combatir el hambre y la desnutrición de los menores de 5 años en América Latina demanda 2,050 millones de dólares. Por otra parte, no hacerlo puede llegar a costar 170 mil millones derivados de una menor productividad, asociada, entre otros temas, al retardo de crecimiento y enfermedades permanentes.

Según el Consenso de Copenhague en el que participan 4 Premios Nobel de Economía y otras eminencias del rubro, por cada dólar que se invierte en los primeros mil días de vida de una persona, se obtienen 30 en beneficios futuros.

Al igual que en la región, en nuestro país, la desnutrición y la anemia constituyen una de las principales trabas para el desarrollo y contribuyen a perpetuar la brecha social existente.

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Condenan a permanecer en la pobreza a las familias de menos recursos y a sus descendientes, quienes serán incapaces de razonar, analizar, competir y adaptarse adecuadamente a la globalización y a las nuevas tendencias de innovación tecnológica. Esa es la peor carga que se recibe por nacer pobre. Un sistema que no acaba con este injusto castigo, vive en la cuerda floja y puede sucumbir fácilmente.

Ciertamente, una política nacional para combatir estas calamidades debe coordinar una multiplicidad de factores como control prenatal, atención de enfermedades infantiles, lactancia materna, ingesta de hierro, inmunizaciones, saneamiento, tratamiento del agua, higiene, etc. Adicionalmente, una adecuada nutrición dará el sustento para evitar una serie de enfermedades prevenibles.

El Perú tiene, frente a las desopilantes cifras de desnutrición y anemia, algunas de las mejores fuentes alimenticias del planeta: nuestro generoso mar alberga una diversidad de especies que podrían contribuir no solo a resolver el hambre en nuestro país, sino a convertirnos en líderes mundiales de la lucha contra el hambre, que padecen 821 millones de personas en el planeta, de los cuales 121 millones son menores de 5 años.

Así se podría cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas número 2: Hambre Cero para el año 2030; y velar por el acceso de todas las personas, en especial los niños, a una alimentación suficiente y nutritiva permanente.

En estos momentos de confrontación nacional por razones políticas, deberíamos promover retos que nos unan, como una cruzada por una adecuada nutrición; para lo cual tenemos una industria pesquera destinada al consumo humano con capacidad suficiente de proveer de alimento de calidad, sanitariamente impecable y a precios accesibles.

Ésta podría ofrecer la mejor proteína del mundo a nuestra niñez, que además tiene los mejores ácidos grasos con Omega 3 y Omega 6, vitales para el desarrollo neurológico, entre otras virtudes.

Está en manos del gobierno permitir que nuestros productos hidrobiológicos como la anchoveta, pota, jurel, caballa, perico, atún, bonito y otros; cambien el sombrío rostro de gran parte de nuestros infantes y lo transformen en una esperanzadora sonrisa.

Invoco desde esta columna al Presidente de la República para que dirija personalmente una campaña que permita que esta meta se avizore cuando lleguemos al Bicentenario de nuestra Independencia.

Está en nuestras manos cambiar la ignominia de que el Perú sea un niño desnutrido y anémico nadando en una mar de proteínas.

Alfonso Miranda Eyzaguirre, ex viceministro de Pesquería.

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