Anemia: cambiar yerro por hierro

En julio de 2018 se publicó un decreto supremo suscrito por 15 de los 19 ministros, que declara de “prioridad nacional la lucha contra la anemia en niñas y niños menores de 36 meses” y aprueba un Plan Multisectorial.

La titular del MIDIS anunciaba entonces “una cruzada para cumplir la meta de reducir la anemia en niños de 6 a 35 meses de 43% a 19% en el Bicentenario”.

Los índices son dramáticos a nivel nacional, y regiones como Puno llegan a extremos en los que el 76% de los niños padecen de anemia. En nuestro país, dos de sus principales causas son el bajo consumo de hierro y la elevada presencia de infecciones gastrointestinales.

Éstas son abonadas por precarias condiciones de vivienda y saneamiento, malas prácticas de higiene y el desconocimiento generalizado de la población sobre principios básicos de nutrición.

Resulta vital una acción multilateral que atienda este drama nacional. No hacerlo menoscabará el desarrollo cognitivo y físico de casi la mitad de los niños del país, con la consiguiente imposibilidad de su movilización social y plena realización personal.

La incidencia, previsiblemente, es mayor en los niños del quintil más pobre (55,3%), que en los del quintil menos pobre (26,3%). Según la Organización Mundial de la Salud, la anemia afecta a 273 millones de niños menores de 5 años en el mundo y tiene un costo del 2.3% del PIB mundial, mientras que la inversión en su prevención y tratamiento resulta en una mejora del estado de salud, una reducción de la mortalidad infantil y materna, y una relación costo-beneficio de casi 1 a 13.

Han transcurrido 16 de los 36 meses en los que el gobierno se planteó conseguir la gran reversión de la anemia y apenas se ha disminuido algo más del 1%, que podría considerarse como margen de error estadístico. Por tanto, no hemos avanzado casi nada, mientras el reloj avanza inexorablemente asociando pobreza, falta de hierro, deficiencias físicas y neurológicas con brecha social y subdesarrollo.

Nuestro país tiene en su mar la mayor reserva mundial de Omega 3 de la mejor calidad; sin embargo, no figura entre los primeros 35 países en el ranking mundial de su consumo.

Hace años, que desde el sector pesquero nacional se viene proponiendo contribuir con la desaparición de la anemia y desnutrición infantil con productos a base de pescado, ricos en Omega 3. Los programas sociales del Estado han sido renuentes a incorporar diferentes preparaciones que lo contienen.

El sector privado, de manera independiente, realizó una prueba con niños de un asentamiento humano del departamento de Ica, que consistió en administrarles por 40 días una crema láctea fortificada con Hierro y Omega 3. Los resultados obtenidos arrojaron que la anemia que padecían se revirtió en el 96% de los casos. Las pruebas están a disposición de las autoridades.

Cuesta creer que haya alguien que se oponga a resolver este mal que sufre la niñez peruana. Es duro pensar que quienes lo tienen en sus manos sean tan indolentes como para dejar que pase el tiempo sin atender este drama.

Si empleamos nuestra riqueza pesquera con el hierro necesario y atacamos los problemas básicos de agua, saneamiento y salud, podríamos llegar a nuestro Bicentenario con una nueva generación de peruanos más sanos, más productivos y más felices.

Alfonso Miranda Eyzaguirre

Ex viceministro de Pesquería.

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