Insaciables dragones del mar

Actores Productivos

El pasado 4 de julio se produjo un incidente atípico en la zona económica exclusiva de Uruguay: tras una interminable persecución, la armada de dicho país capturó un barco calamarero de bandera China, el LU RONG YUAN YU 606, por presunción de pesca ilegal. Esta embarcación pretendió evadir y confundir a las autoridades navales; no obstante, después de más de 3 días de ser detectada, presumiblemente extrayendo recursos hidrobiológicos ilegalmente, fue capturada y conducida a puerto.

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Los análisis hechos por la fiscalía de dicho país, basados en el informe elaborado por la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA), establecieron que “No son pruebas concluyentes para determinar que este buque incurrió en pesca ilegal en aguas territoriales” y, por lo tanto, se les ha tenido que dejar en libertad. Esto lleva a reflexionar sobre lo desprovistos que se encuentran los países costeros del Atlántico sudamericano, debido a que no existe ninguna regulación, ni organismo regional de ordenación pesquera (OROP) para la actividad en las aguas internacionales de dicha zona. Con embarcaciones patrulleras inapropiadas, que son más lentas que un barco pesquero, sin capacitación adecuada y faltos de procedimientos y coordinaciones entre instituciones del Estado, nuestros países serán siempre ineficientes para neutralizar a una organización que recorre todos los mares del mundo con voracidad y falta de escrúpulos. A insaciables dragones del mar, no se les reduce con botes a remo.

Si existieran regulaciones y una OROP, es probable que esta embarcación, una vez capturada, hubiera tenido que demostrar el cumplimiento de una serie de compromisos, asimismo, también habría más información disponible para determinar la naturaleza del evento que hoy formalmente no pudo declararse como de pesca ilegal. Por ejemplo, se contaría con información de observadores a bordo, que serviría para confirmar que han pescado calamar en aguas internacionales y no en el dominio marítimo de Uruguay. Hubiese estado disponible un registro satelital controlado por el área de monitoreo de embarcaciones de esta OROP, y no solo por el Sistema de Identificación Automática (AIS). Éste, aunque es de acceso público, resulta ineficiente para el control de la pesca ilegal, ya que las flotas con vocación trasgresora, están acostumbradas a manipular y desconectar los equipos AIS cuando les es conveniente.

Los barcos con comportamientos sospechosos de pesca ilegal se aprovechan de la vulnerabilidad de los países costeros, materializada en la dificultad para controlar todo su dominio y aguas adyacentes como ocurre en el Perú. En este contexto, encontrar a las naves presuntamente infractoras toma una gran cantidad de horas. Esto, a su vez, genera un lapso de tiempo suficiente que permite borrar cualquier rastro de pesca ilegal que ocurriera. Si queremos ganar esa guerra, debemos dotar a nuestra Armada con los recursos suficientes.

El Comité para el manejo sustentable del calamar gigante en el Pacífico sur (CALAMASUR), ha presentado recientemente un informe elaborado por la destacada periodista uruguaya, Sabina Goldaracena, que describe, desde el análisis del caso de las embarcaciones chinas detectadas en Uruguay, pero dejadas en libertad por falta de carga probatoria; cómo un Estado costero queda en indefensión ante eventos sospechosos de pesca ilegal (se puede leer en calamasur.org). El aporte de CALAMASUR, a diferencia de la mayor parte de las notas periodísticas publicadas, ha pretendido ir más allá de la descripción de hechos, a fin de expresar la problemática para proponer soluciones, y debería ser un despertador de las autoridades competentes de la región para unirse en defensa de nuestras riquezas marinas, impunemente saqueadas por quienes constituyen una grave amenaza a la seguridad regional.

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