Comer pescado trae felicidad

Actores Productivos

En esta columna hemos reiterado la necesidad de una Política Nacional de Pesca que, entre otros temas, promueva el consumo de pescado para contribuir a resolver los alarmantes problemas de anemia y desnutrición que prevalecen en nuestro territorio. En esta oportunidad, queremos hacer un llamado sobre la importancia que podría tener el pescado (esa maravilla que abunda en nuestro mar, uno de los más ricos del mundo) en la salud mental de quienes habitamos nuestro país.

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Cada año, más de 320 mil peruanos buscan ayuda para dolencias como la depresión, ansiedad, fobias y otros desórdenes psicológicos. Ayer 13 de enero, se celebró el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, transtorno que afecta a más de 300 millones de personas en el planeta, y es la principal causa de discapacidad en el mundo. Sin embargo, en nuestra patria no se prioriza la atención en la salud mental en las políticas públicas, tanto así que no es considerada en la Política Nacional Multisectorial de Salud 2030 “Perú, País Saludable”, tampoco en el Acuerdo Nacional, ni en el

Plan Estratégico de Desarrollo Nacional, ni en la Política General de Gobierno 2021.

La buena noticia es que, gracias a la neurociencia podemos decir que el pescado produce felicidad, y que esta es una razón más para consumir todo lo que podamos de este maravilloso alimento.

Según el doctor Guillermo Aldana del Hospital Universitario de La Coruña, España, se ha probado que la ingesta de pescado mejora la conexión de las neuronas y genera un neurotransmisor llamado serotonina, el cual es responsable de la felicidad, porque cuando aumentan sus niveles en los circuitos neuronales produce sensación de bienestar, relajación, satisfacción y aumenta la autoestima.

Centenares de estudios confirman lo mencionado. En una publicación de Joseph R Hibbeln en la prestigiosa revista médica “The Lancet”, se explica que una baja concentración del ácido graso docosahexaenoico (conocido como DHA), genera una pobre densidad del marcador de recambio de serotonina en el cerebro, lo que está claramente asociado a la depresión y al suicidio. El investigador concluye que un alto consumo de pescado podría estar correlacionado con una menor prevalencia anual de depresión mayor. Esto concuerda con los informes clínicos recientes de individuos que presentan concentraciones más elevadas de DHA en las membranas de los glóbulos rojos, que predicen síntomas menos graves de depresión. Los trabajos realizados por el científico taiwanés Te-Hsuan Tung y cols. (2021) y por los psiquiatras Burhani y Rasenick de la Universidad de Illinois (2017), hacen un especial énfasis en las virtudes de ácidos grasos Omega 3 del pescado en el tratamiento de la depresión.

Según el metaanálisis de Fang Li y cols. (2015), una alta ingesta de productos hidrobiológicos da como resultado una reducción significativa del riesgo de depresión. Un minucioso trabajo realizado por Antti Tanskanen, M.D y cols., publicado en la revista Psychiatric Service, reveló que existe una correlación inversa significativa entre la prevalencia anual de depresión mayor y el consumo de pescado, vale decir, que la probabilidad de tener síntomas depresivos era significativamente menor en los consumidores frecuentes de pescado.

El pescado tiene la proteína animal más saludable, con menor impacto de huella de carbono y resulta de alto valor biológico. Se sabe, por la ciencia, que previene enfermedades y ahora conocemos que produce felicidad. El Estado debe atender los problemas de salud mental y promover el consumo de especies pesqueras, a manera de herramienta para combatir azotes como la invisible pandemia de la depresión.

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