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Áreas marinas desprotegidas

Actores Productivos

Según los especialistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Santiago Bucaram y Jaime Fernández Baca, las Áreas Marinas Protegidas (AMPs) deben ser consideradas solamente como una de varias herramientas de gestión de los recursos oceánicos y, si están bien diseñadas, ofrecen una solución para ayudar a los ecosistemas y a las especies hidrobiológicas, pero no son el remedio mágico que resuelve todos los problemas que afectan a la biodiversidad marina y costera del planeta.

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La Reserva Nacional Dorsal de Nasca, aprobada el 4 de junio de 2021, debería tener un Plan Maestro, según la norma que la estableció, a más tardar el 5 de marzo de 2022. Dos años después de su creación, Sernanp anuncia que recién se encuentran elaborando lo que tendría que ser el documento de planificación de más alto nivel, de esta fantasmal área natural protegida. Se supone que en ese instrumento quedarían reflejadas las estrategias y políticas generales para la gestión del área, así como los planes y objetivos de conservación. Pasaron años diciendo que era imprescindible crear esta AMP y hoy no saben para qué.

Los especialistas también afirman que el financiamiento para la gestión de las AMPs es un gran reto de no convertirse en “parques de papel”. Señalaron que hay estudios como el de Petit et al. (2018), cuyos resultados nos llevan a preguntarnos si es sostenible aumentar el número de AMPs, cuando hay pruebas de que el apoyo financiero a las ya existentes no permite cumplir con los requisitos mínimos para su pleno funcionamiento. En el caso de la Dorsal de Nasca, se cuenta con un presupuesto equivalente a 4.35 soles por cada uno de los 62,392 kilómetros cuadrados que la conforman, obviamente, para gastos administrativos. Cuentan con una jefa encargada y con un solo guardaparque para preservar una extensión similar a la del departamento de Arequipa, localizada a 105 kilómetros de la costa. Para colmo, no se les ha asignado ni un bote a remo. Una burla y falta de respeto que el Perú no merece.

Los autores antes mencionados también refieren que las AMPs no permiten proteger al océano de otras presiones ambientales —como la contaminación—, lo que hace necesario adoptar diferentes políticas para abordar estos problemas. Y en el Perú vaya que tenemos polución en el mar. La propia Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass), reconoce las enormes carencias de las plantas de tratamiento de aguas residuales, cuya mayoría (90%) opera sin autorización de vertimiento o reúso, y hasta el 70% de éstas no cuentan con un instrumento de gestión ambiental. El borde marino costero, que es la zona de mayor biodiversidad, está saturado de aguas residuales mal tratadas y de ríos que trasladan al mar, además, la contaminación de la campante minería ilegal. ¿El Estado no se entera? ¿Por qué no está en la agenda de gobernantes ni de los autoproclamados representantes de la sociedad civil?

Antes de dilapidar dineros en campañas para crear nuevas Áreas Marinas Protegidas que nacen desprotegidas, hagamos funcionar bien lo que ya existe. En las playas de Paracas, que tiene 48 años como Reserva Nacional, se pesca diariamente con explosivos y aparejos prohibidos, sin intervención de nadie. En los principales puertos pesqueros se procesan clandestinamente 150 mil toneladas de recursos hidrobiológicos al año, sin licencia, sin sanidad y sin protección del medio ambiente. A la vista de todos se construyen embarcaciones con madera proveniente de tala ilegal. Hay decenas de ejemplos más. Las nuevas tareas se inician cuando se han cumplido las antiguas. Sigamos esa simple regla.

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