En Chaguarpamba Miguel Chamba cuenta cómo la logística favorable mejora el precio del maíz amarillo en finca

En Chaguarpamba Miguel Chamba cuenta cómo la logística favorable mejora el precio del maíz amarillo en finca

Chaguarpamba vuelve a poner sobre la mesa la realidad de los pequeños productores del sur de Loja. En entrevista con Actores Productivos, Miguel Chamba, agricultor maicero de este cantón, compartió su experiencia sobre rendimientos, costos de producción, acceso a créditos, mano de obra, comportamiento de las lluvias y las ventajas logísticas que tiene su zona para comercializar el grano directamente en finca.

Con cerca de 20 años dedicados al cultivo de maíz, Chamba explicó que en su sector los rendimientos varían, en promedio, entre 100 y 170 quintales por hectárea, dependiendo del clima, la fecha de siembra y el manejo del cultivo. En su caso, para la actual campaña, calcula que podría alcanzar alrededor de 150 quintales por hectárea en las cinco hectáreas que mantiene sembradas.

Durante la conversación, una frase se repitió varias veces y reflejó tanto su visión del campo como su forma de enfrentar la actividad agrícola: “Gracias a Dios”. Esa expresión acompañó sus comentarios sobre el clima, la producción y la expectativa de una cosecha que, aunque todavía depende del comportamiento del tiempo, luce mejor que la del año pasado.

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Menos área sembrada tras un año de pérdidas

Según relató el productor, en el cantón Chaguarpamba este año se sembraron aproximadamente 2.500 hectáreas de maíz, una cifra menor a la de la campaña anterior, cuando se habrían superado las 3.000 e incluso cerca de 4.000 hectáreas. La reducción responde, principalmente, a los efectos del invierno pasado, que golpeó con fuerza a la zona y dejó a varios agricultores con rendimientos muy bajos.

Chamba señaló que hubo productores que apenas cosecharon 40 quintales por hectárea, lo que afectó seriamente su liquidez y los dejó desfinanciados para volver a sembrar. A esto se suma que muchos trabajan con financiamiento, especialmente mediante créditos agrícolas, que deben pagarse aun cuando la cosecha no resulte como se esperaba.

Créditos, seguros y presión financiera

Uno de los puntos más sensibles de la entrevista fue el financiamiento. El productor comentó que en la zona muchos agricultores dependen del crédito anual para adquirir semillas, fertilizantes y cubrir otras labores del cultivo. Sin embargo, cuando los desembolsos no llegan a tiempo, la siembra se retrasa y eso afecta directamente el rendimiento.

También cuestionó el alcance de los seguros agrícolas. Aunque algunos productores sí aseguran sus cultivos, aseguró que las coberturas no compensan completamente la inversión realizada. De acuerdo con su testimonio, en varios casos los montos entregados no cubren todo el costo de producción por hectárea, y además llegan tarde, cuando el agricultor ya debió cumplir con sus obligaciones financieras.

En ese contexto, planteó la necesidad de una revisión más cercana de la realidad del productor en territorio, especialmente cuando las pérdidas obedecen a factores climáticos que están fuera de su control.

Una producción con altos costos y mucha mano de obra

Miguel Chamba explicó que producir maíz en su zona implica costos elevados porque gran parte del trabajo se realiza de forma manual. A diferencia de otras áreas con mayor mecanización, en Chaguarpamba se requiere más mano de obra, lo que incrementa la inversión.

Según indicó, el costo de producción por hectárea se ubica entre 1.300 y 1.500 dólares, mientras que el jornal actual ronda los 20 dólares diarios, o 15 dólares si el empleador proporciona la alimentación. A esto se suma un problema creciente: cada vez es más difícil conseguir trabajadores, ya que muchas personas están dejando la agricultura o migrando hacia las ciudades.

Pese a ello, remarcó que la actividad sigue siendo viable siempre que el cultivo supere ciertos niveles de rendimiento. En su análisis, el objetivo es no bajar de 100 quintales por hectárea, ya que desde ese punto se puede cubrir la inversión y aspirar a una ganancia.

Siembra temprana y lluvias oportunas

Otro aspecto relevante del diálogo fue la fecha de siembra. Chamba contó que sembró el 10 de enero, apenas después de las primeras lluvias, una decisión que considera clave para el estado actual de su cultivo. Gracias a esa anticipación, afirmó que su maíz recibió agua en el momento oportuno y hoy mantiene mejores condiciones.

No obstante, advirtió que no todos corrieron con la misma suerte. Estimó que, del total sembrado este año en la zona, cerca del 60% del maíz está salvado, mientras que el 40% todavía necesita lluvias para sostener su desarrollo, especialmente aquellos lotes sembrados más tarde, en febrero, por retrasos en los créditos o por falta de recursos.

Cosecha natural y venta directa en finca

Una de las fortalezas que destacó del cantón es su forma de comercialización. En Chaguarpamba, explicó, muchos productores dejan secar el maíz en la planta y empiezan a cosecharlo desde el 20 de junio en adelante, cuando el grano ya presenta una humedad más favorable. Incluso, señaló que en agosto pueden obtener un maíz todavía más seco.

Este factor, sumado a la cercanía con compradores vinculados a la industria de balanceados y producción pecuaria, les permite vender directamente en la finca, sin necesidad de pasar por intermediarios. Para el productor, esa logística es una ventaja importante porque evita costos de transporte, estibaje y secado, y puede traducirse en un mejor precio.

De acuerdo con su testimonio, esa diferencia puede representar alrededor de $1.00 o hasta $1.50 más por quintal, en comparación con otros escenarios donde el agricultor debe movilizar el producto o almacenarlo, asumiendo además riesgos de plagas, humedad o deterioro.

Precio, cercanía y rentabilidad

Chamba relató que en la campaña anterior el precio oficial del maíz fue de 17,35 dólares por quintal, pero en su zona se llegó a vender entre 17,50 y 18,50 dólares, precisamente por la cercanía con los compradores y por entregar el producto en condiciones favorables.

A su criterio, el maíz sí puede ser un agronegocio rentable, pero siempre bajo condiciones muy sensibles: buen rendimiento, clima oportuno, acceso a financiamiento a tiempo y una logística que no castigue el precio al productor. En otras palabras, el margen existe, pero el riesgo también.

Una cadena que depende del productor

Durante el cierre de la entrevista, Miguel Chamba insistió en que el maíz es una actividad que sostiene no solo a las familias agricultoras, sino a una cadena más amplia que incluye transporte, comercio, balanceados, granjas y empleo rural. También expresó su solidaridad con otros productores de Loja que hoy enfrentan sequía y pérdidas, especialmente en cantones donde las lluvias se han ausentado durante varias semanas.

Su testimonio deja ver una realidad compleja: por un lado, una zona con ventajas logísticas y productores que han aprendido a aprovecharlas; por otro, una agricultura que continúa expuesta a la variabilidad climática, al costo de la mano de obra, al endeudamiento y a seguros que no siempre responden a la dimensión real de las pérdidas.

En medio de esa incertidumbre, el productor resume su expectativa con una frase sencilla y constante: “Gracias a Dios”.

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