Sequía golpea a pequeños productores de Pedro Carbo, aquí la historia de Paola Villavicencio

Sequía golpea a pequeños productores de Pedro Carbo, aquí la historia de Paola Villavicencio

La sequía en Pedro Carbo afecta directamente a productores agrícolas de la parroquia Valle La Virgen, en el recinto El Bajo, donde Paola Villavicencio enfrentará una reducción estimada superior al 50% en su cosecha de maíz amarillo debido a la ausencia prolongada de lluvias y al retraso en la entrega de kits agrícolas.

En una parcela de aproximadamente dos hectáreas, sembrada en febrero con insumos provenientes de programas de apoyo agrícola, la familia apostó nuevamente por el maíz amarillo como principal fuente de ingresos. Sin embargo, el cultivo entró en etapa de espigamiento en condiciones de estrés hídrico, lo que compromete seriamente su rendimiento final.

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El maíz de nosotros ahorita ya está espigando, pero ya no va a ser una buena cosecha por la falta de agua. Por lo menos un 50% menos, y eso si llueve”, explica Paola mientras describe la situación actual de sus plantas en campo.

El retraso en la entrega de los kits agrícolas marcó el inicio del problema. Aunque las primeras lluvias llegaron a finales de enero, los insumos necesarios para sembrar estuvieron disponibles semanas después, lo que obligó a modificar el calendario agrícola tradicional de la zona.

Cada hectárea sembrada representa una inversión importante para la economía familiar. Aunque el kit agrícola tuvo un costo aproximado de 260 dólares, fue necesario complementar con fertilizantes adicionales debido a que la dosis entregada no cubría los requerimientos del cultivo.

Solo en los kits vienen cuatro sacos de abono, pero esa no es la dosis que uno necesita para tener buen resultado, entonces tuvimos que comprar más”, comenta.

El incremento en el precio de la urea también elevó el costo de producción. Según relata, cuando adquirieron fertilizante adicional el valor ya superaba los 33 dólares por saco, lo que incrementó el gasto total por hectárea.

Sumando preparación del terreno, mano de obra, insumos adicionales y mantenimiento del cultivo, la inversión supera los 800 dólares por hectárea, lo que significa pérdidas superiores a los 1.000 dólares en la superficie sembrada.

A pesar de la afectación evidente en campo, Paola indica que en su sector no se han realizado levantamientos técnicos relacionados con daños por sequía. Las visitas registradas anteriormente estuvieron enfocadas en pérdidas por exceso de lluvias en otras zonas.

Escuché que estaban tomando información, pero fue por exceso de lluvia. En el caso de nosotros no fue por lluvia, fue por sequía”, explica.

La producción de maíz representa actualmente la principal fuente económica del hogar. Aunque mantienen pequeñas actividades complementarias como la crianza de cerdos y cultivos menores para autoconsumo, la estabilidad financiera familiar depende directamente del rendimiento agrícola anual.

El escenario resulta especialmente complejo porque no es la primera vez que enfrentan pérdidas consecutivas. En el ciclo anterior, el exceso de lluvias afectó los cultivos; este año, la falta de precipitaciones genera el problema contrario.

El año pasado fue exceso de lluvia, esta vez es falta. Nosotros no controlamos el clima”, dice.

En la zona, varios productores comienzan a replantear su permanencia en la actividad agrícola. Algunas familias evalúan migrar hacia cultivos como cacao o diversificar ingresos, aunque estas alternativas requieren inversiones mayores y tiempos de espera prolongados para generar rentabilidad.

En medio de la incertidumbre productiva, Paola insiste en la importancia de fortalecer el acompañamiento técnico y la focalización de ayudas hacia agricultores activos.

Que no se olviden del agricultor, porque es un personaje muy importante para la vida de todos los ecuatorianos”, concluye.

Historias como la suya reflejan la realidad de muchas familias rurales en Pedro Carbo, donde la variabilidad climática continúa marcando el ritmo de la producción agrícola.

Foto Archivo

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