La sequía en arroz y maíz amarillo marcó el primer semestre agrícola de 2026 en Ecuador, en medio de un comportamiento climático irregular que combinó lluvias por encima del promedio, meses secos, altas temperaturas y mayor radiación solar. Este escenario, analizado en el segmento Voces de la Producción de Actores Productivos junto a Guido Kuonquí, experto en Agricultura 4.0, plantea desafíos para la producción nacional de arroz y maíz amarillo duro.
De acuerdo con el análisis presentado en la entrevista, el comportamiento climático de 2026 ha sido atípico. Febrero registró lluvias superiores al promedio histórico, mientras que marzo y abril fueron meses secos. A esto se sumaron temperaturas más altas de lo normal, especialmente en mayo, y niveles de radiación solar que, según el especialista, superaron en algunos días los valores habituales para los cultivos.
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Kuonquí señaló que estos factores evidencian la necesidad de que los productores agrícolas tomen decisiones con base en información climática, datos satelitales y monitoreo técnico, especialmente ante la posibilidad de un evento El Niño 2026-2027 cuya intensidad aún está por definirse.
Arroz con menor área sembrada y rendimientos afectados
En el caso del arroz, el especialista indicó que la superficie sembrada en invierno se redujo frente al año anterior. Según los datos compartidos, en el invierno de 2025 se sembraron cerca de 117.000 hectáreas, mientras que en 2026 la cifra habría bajado a aproximadamente 99.000 hectáreas.
El rendimiento promedio también mostró una disminución. La productividad habría pasado de 3,92 toneladas por hectárea en 2025 a 3,64 toneladas por hectárea en 2026, lo que representa una caída cercana al 8 %. Según el análisis, esta reducción estaría asociada principalmente a condiciones climáticas adversas, como altas temperaturas, exceso de lluvias en ciertos momentos y periodos secos.
La entrevista también señala afectaciones en alrededor de 14.000 hectáreas de arroz, con distintos niveles de impacto. Entre ellas se mencionan pérdidas totales, afectaciones severas, moderadas y leves.
Inventarios evitarían desabastecimiento inmediato
Pese a la reducción de área y rendimiento, Kuonquí consideró que no se prevé un desabastecimiento inmediato de arroz en el país. Esto debido a que aún existirían inventarios almacenados en piladoras, además de una dinámica de producción que permitiría cubrir parte del consumo nacional en los próximos meses.
Sin embargo, el análisis advierte que el sector enfrenta presión por otros factores: menores exportaciones hacia Colombia, restricciones logísticas, precios internacionales competitivos y costos internos más altos. La reducción progresiva de las compras colombianas de arroz ecuatoriano, vinculada al tratado comercial de ese país con Estados Unidos, también aparece como un desafío estructural para el sector.
Fertilizantes más caros presionan al productor
Otro punto crítico mencionado en la entrevista es el aumento en el precio de los fertilizantes. Según Kuonquí, productos como la urea pasaron de valores cercanos a 28 o 29 dólares por saco a alrededor de 50 dólares, en un contexto internacional marcado por mayores costos logísticos, encarecimiento del petróleo y tensiones geopolíticas.
Este incremento podría llevar a que muchos agricultores reduzcan la cantidad de fertilizante aplicado en sus cultivos, especialmente en siembras de verano. En arroz, algunos productores que usualmente aplicaban entre seis y ocho sacos podrían bajar sus aplicaciones a tres o cinco, lo que eventualmente afectaría el potencial productivo.
Maíz amarillo con pérdidas estimadas por clima
En maíz amarillo duro, el impacto climático también fue significativo. Según los datos expuestos durante la entrevista, la producción esperada se redujo de manera importante en varias provincias productoras.
Manabí, una de las principales zonas maiceras del país, habría sembrado alrededor de 91.000 hectáreas. La producción esperada en condiciones normales era cercana a 365.000 toneladas, pero el ajuste por afectación climática la ubicaría alrededor de 210.000 toneladas.
En Los Ríos, con unas 67.000 hectáreas sembradas, la producción estimada pasó de una expectativa de 331.000 toneladas a cerca de 278.000 toneladas. Según el análisis, esta provincia fue menos afectada debido a que parte de sus siembras se realizaron más temprano, en comparación con zonas donde la siembra se extendió hasta febrero.
A nivel nacional, el especialista estimó una pérdida de alrededor de 300.741 toneladas de maíz amarillo duro, equivalente al 28 % de lo que se esperaba cosechar.
Provincias y cantones con mayor impacto
El análisis identificó afectaciones importantes en provincias como Manabí, Los Ríos, Loja y Guayas. En Manabí, la pérdida estimada fue cercana al 43 % de la producción esperada; en Los Ríos, alrededor del 16 %; en Loja, cerca del 28 %; y en Guayas, aproximadamente el 24 %.
Entre los cantones mencionados con mayores afectaciones aparecen zonas productivas como Sucre, Tosagua, Chone, Paján y San Vicente, en Manabí. También se señalaron cantones de Los Ríos, Guayas y Loja donde las condiciones climáticas redujeron el potencial productivo.
La necesidad de sembrar con datos
Una de las principales conclusiones de la entrevista es que el sector agrícola ecuatoriano debe avanzar hacia una toma de decisiones más técnica. Kuonquí insistió en que ya no basta sembrar por costumbre o por tradición, sino que se requiere información sobre clima, fechas de siembra, riesgos de lluvia, temperatura, humedad, disponibilidad de insumos y comportamiento del mercado.
El uso de tecnología satelital, monitoreo multispectral, datos climáticos y seguros agrícolas aparece como una herramienta clave para reducir riesgos, especialmente en un contexto donde el cambio climático puede alterar los ciclos habituales de producción.
Un segundo semestre con incertidumbre
Para el segundo semestre de 2026, el sector agrícola deberá enfrentar varios factores simultáneos: costos altos de fertilizantes, menor disponibilidad de insumos, incertidumbre climática, riesgo de nuevas lluvias asociadas a El Niño y mercados externos menos estables.
En arroz, el reto estará en manejar inventarios, sostener precios y planificar nuevas siembras con mayor precisión. En maíz amarillo, el desafío será recuperar productividad, evitar pérdidas por cosechas tardías y tomar decisiones más oportunas frente a lluvias, calidad del grano y costos de producción.
La entrevista deja una lectura clara: la sequía y la variabilidad climática ya están modificando la forma de producir arroz y maíz amarillo en Ecuador. Para los productores, el acceso a información técnica puede marcar la diferencia entre reducir pérdidas o quedar expuestos a un escenario cada vez más incierto.
















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