El Niño 2026 vuelve a generar atención en el sector productivo ecuatoriano ante el calentamiento observado en el océano Pacífico y la posibilidad de que el fenómeno se consolide en los próximos meses.
De acuerdo con la actualización del Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe un 82 % de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio de 2026, y un 96 % de probabilidad de que continúe durante el invierno 2026-2027 del hemisferio norte.
La alerta también fue abordada por Guido Kuonquí, director de AgroInteligente, en una publicación en su cuenta oficial de LinkedIn, donde advirtió que los mapas de temperatura del océano Pacífico muestran señales que deben ser observadas con atención por el sector agrícola. Según su análisis, el comportamiento del mar en mayo de 2026 presenta similitudes con años asociados a eventos fuertes de El Niño, como 1997 y 2015.
El calentamiento del mar y su relación con el campo
El fenómeno de El Niño se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial. Este cambio puede alterar los patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica, con impactos diferenciados según la región. La Organización Meteorológica Mundial advirtió que un evento de El Niño podría desarrollarse desde mediados de 2026 e influir en la temperatura global y en los patrones de precipitación.
Para Ecuador, el seguimiento es especialmente relevante porque el país puede enfrentar condiciones más húmedas en determinadas zonas, principalmente en la Costa. En el sector agroproductivo, esto puede traducirse en mayor presión sobre cultivos, caminos rurales, drenajes, infraestructura agrícola y sistemas de comercialización.
¿Qué riesgos podrían enfrentar los cultivos?
Según el análisis compartido por Kuonquí, el aumento de la temperatura del mar no debe interpretarse como un motivo de alarma, sino como una señal para anticipar acciones en campo. Entre los riesgos señalados constan lluvias intensas, inundaciones, saturación de suelos, golpes de calor, aumento de humedad y mayor presión de plagas y enfermedades.
En cultivos sensibles como banano, cacao, arroz, maíz y otros productos agrícolas, el exceso de humedad puede afectar raíces, floración, cuajado de frutos y sanidad vegetal. Además, enfermedades como la Sigatoka negra, el Moko y el Fusarium R4T pueden propagarse con mayor rapidez si existen condiciones de calor, humedad y movilización de material contaminado.
Caminos rurales y logística también entran en riesgo
Los efectos de El Niño no se limitan al cultivo. Las lluvias intensas pueden complicar la salida de la cosecha hacia centros de acopio, mercados, puertos o industrias. El colapso de caminos vecinales, puentes o drenajes puede elevar los costos logísticos y generar retrasos en la comercialización.
Para productores pequeños y medianos, estos retrasos pueden tener impacto directo en ingresos, calidad del producto y cumplimiento de compromisos comerciales. Por eso, la preparación debe incluir tanto la protección del cultivo como la revisión de vías internas, canales, accesos y puntos críticos de movilización.
Cuatro acciones preventivas para las fincas
Una de las principales recomendaciones señaladas por Guido Kuonquí es fortalecer el drenaje. En zonas expuestas a exceso de lluvia, limpiar zanjas, canales y desagües puede reducir el riesgo de encharcamiento prolongado y daño radicular.
Otra medida clave es reforzar la nutrición y sanidad de las plantas. Un cultivo bien manejado puede responder mejor al estrés climático y enfrentar con mayor capacidad la presión de enfermedades.
También se recomienda aplicar medidas estrictas de bioseguridad. La desinfección de herramientas, botas, llantas de maquinaria y equipos de trabajo puede reducir el riesgo de traslado de patógenos entre fincas.
Finalmente, el uso de tecnología puede ayudar a tomar decisiones con mayor anticipación. Alertas climáticas, sensores de humedad, monitoreo satelital y revisión de mapas de riesgo permiten ganar tiempo frente a eventos de lluvia o cambios bruscos en el clima.
La prevención como inversión productiva
Para el sector agrícola, anticiparse puede marcar la diferencia entre una afectación controlada y una pérdida significativa. Invertir en prevención, mantenimiento de drenajes, monitoreo sanitario y planificación logística permite proteger la inversión realizada durante todo el ciclo productivo.
El Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad reportó en abril de 2026 que el Pacífico ecuatorial se encontraba en una fase neutral, pero con una transición rápida hacia El Niño y probabilidades elevadas de que este escenario domine durante el resto del año.
Monitorear fuentes oficiales será clave
Aunque los pronósticos muestran una probabilidad alta de desarrollo de El Niño, su intensidad final y sus efectos específicos todavía deben seguirse con actualización constante. Por ello, productores, gremios, empresas agrícolas y autoridades locales deberían revisar información técnica de organismos climáticos y de instituciones nacionales como el INAMHI, que publica predicciones climáticas para Ecuador.
La preparación frente a El Niño 2026 no debe verse como una reacción de último momento, sino como parte de la gestión productiva. En el campo, actuar a tiempo puede proteger cultivos, infraestructura, ingresos y empleo rural.

