El Niño 1997-1998 dejó una de las mayores advertencias climáticas para la agricultura ecuatoriana. Las lluvias intensas, inundaciones, daños en caminos rurales y pérdidas de cultivos demostraron que un evento climático extremo puede afectar no solo la producción en finca, sino también la logística, el abastecimiento y las cadenas agroindustriales vinculadas a los alimentos.
El objetivo de revisar este antecedente no es generar alarma, sino recordar lo ocurrido para fortalecer la prevención. En la agricultura, especialmente en cultivos de ciclo corto, la preparación previa puede marcar la diferencia entre una afectación manejable y una pérdida de mayor escala.
De acuerdo con estimaciones de la CEPAL, recogidas en el documento Las lecciones de El Niño Ecuador, el evento 1997-1998 provocó pérdidas agrícolas importantes: 774.598 toneladas métricas de arroz, 633.232 toneladas de banano, 112.400 toneladas de maíz duro, 57.083 toneladas de cacao, entre otros cultivos.
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Cultivos afectados y presión sobre la cadena alimentaria
Los cultivos de ciclo corto estuvieron entre los más sensibles, porque dependen de ventanas precisas de siembra, manejo, cosecha, secado y transporte. Cuando los suelos quedan saturados o los caminos se vuelven intransitables, la afectación no se limita al campo: también se complica la salida de la producción hacia piladoras, centros de acopio, industrias y mercados.
En el caso del maíz duro, las pérdidas estimadas en más de 112 mil toneladas tuvieron una lectura adicional. Este grano es clave para la elaboración de alimentos concentrados o balanceados destinados a la producción animal, especialmente en la avicultura comercial, según información técnica del INIAP.
Esa conexión vuelve más amplia la lectura del impacto. Cuando disminuye la disponibilidad de maíz nacional, la industria de alimentos balanceados puede enfrentar presión en abastecimiento, costos y planificación de compras. Esto también puede incidir en cadenas pecuarias como aves, cerdos y otros sistemas de producción animal, donde el alimento balanceado es un insumo esencial.
En consecuencia, una afectación en el maíz no solo impacta al productor agrícola o a la industria, sino que también puede llegar al consumidor final a través de mayores costos en proteínas como pollo, cerdo y huevos, además de poner presión sobre la soberanía alimentaria del país.
Un análisis publicado en Avances en Ciencias e Ingenierías señala que los maíces de textura dura o vítrea se destinan principalmente a la agroindustria y son un componente relevante en alimentos balanceados usados para producir carne, huevos y leche. El mismo estudio indica que el maíz amarillo duro representa alrededor del 60% de la fórmula nutricional en alimentos balanceados en Ecuador.
La FAO también reportó durante el evento de 1997-1998 lluvias intensas e inundaciones en la Costa de Ecuador, con daños localizados en banano, caña de azúcar y cultivos de arroz, además de advertencias sobre posibles afectaciones en la siembra de cereales de la temporada siguiente.
Una lección para actuar antes del impacto
La experiencia de 1997-1998 dejó una lección clara: la agricultura necesita planificación climática, infraestructura rural y coordinación entre productores, industrias y autoridades. No basta con mirar la pérdida de una cosecha; también hay que observar qué ocurre con el transporte, el almacenamiento, el secado, el acceso a mercados y la disponibilidad de materia prima para otras cadenas.
Para el sector agrícola, las medidas preventivas pueden incluir mantenimiento de drenajes, revisión de fechas de siembra, monitoreo de pronósticos, protección de caminos productivos, planificación de inventarios y fortalecimiento de sistemas de almacenamiento.
Para la industria de balanceados, el aprendizaje apunta a prever disponibilidad de grano, asegurar abastecimiento y coordinar con productores y proveedores antes de que el evento climático afecte la oferta.
Cada fenómeno de El Niño tiene características distintas, por lo que el pasado no debe interpretarse como una repetición automática del presente. Sin embargo, recordar lo ocurrido permite tomar decisiones con más información y reducir riesgos.
La advertencia de 1997-1998 sigue vigente: cuando la agricultura se ve afectada, también se mueve la seguridad alimentaria. Proteger cultivos, infraestructura y cadenas de abastecimiento es una tarea compartida que empieza antes de la emergencia.















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