El Fusarium R4T en banano se mantiene como una de las principales amenazas fitosanitarias para la agroindustria ecuatoriana, especialmente por su capacidad de permanecer en el suelo y afectar variedades ampliamente sembradas en el país. Así lo explicaron especialistas invitados al podcast Código Abierto, de la Escuela Superior Politécnica del Litoral ESPOL, donde se abordó el impacto de la fusariosis o Raza 4 Tropical en el banano, el plátano y la economía vinculada a esta cadena productiva.
En el espacio participaron el Dr. Freddy Macdama, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias de la Vida de ESPOL y coordinador de investigación del Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador, junto con Jorge Sandoya, ingeniero agrónomo, especialista en protección vegetal y asesor bananero.
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Durante el diálogo, los expertos coincidieron en que el Fusarium R4T no debe analizarse únicamente como un problema agrícola, sino como un desafío nacional por el peso económico, social, alimentario y cultural que tienen el banano y el plátano en Ecuador.
Un hongo del suelo difícil de erradicar
De acuerdo con lo explicado por el Dr. Macdama, el Fusarium R4T es un hongo del suelo. Su mayor complejidad radica en que, una vez que llega a un terreno, resulta prácticamente imposible erradicarlo.
El especialista indicó que el patógeno ingresa a la planta a través de las raíces y afecta los conductos internos que transportan agua. Esto provoca un taponamiento vascular que termina generando marchitez, amarillamiento progresivo de las hojas y deterioro interno de la planta.
A diferencia de otras enfermedades, esta raza tropical puede afectar plantas sanas en condiciones propias del trópico, lo que aumenta la preocupación para países productores como Ecuador.
Según se explicó en el diálogo, el Fusarium R4T puede afectar una amplia proporción de variedades de banano y plátano a escala mundial, incluida la variedad Cavendish, base de gran parte de la producción bananera ecuatoriana.
Banano, plátano y una cadena que sostiene empleo
El análisis también puso énfasis en la importancia del banano y el plátano más allá de la exportación. En el podcast se recordó que estos productos forman parte de la alimentación cotidiana y la identidad gastronómica del país, desde el verde hasta los chifles, bolones, tigrillos y otros platos tradicionales.
Sin embargo, el impacto productivo va mucho más lejos. Sandoya señaló que alrededor de esta agroindustria participan trabajadores de campo, empacadoras, proveedores de insumos, certificadoras, verificadoras, transporte, puertos y otros actores vinculados a la cadena.
En ese sentido, los expertos advirtieron que una dispersión descontrolada del patógeno podría generar consecuencias productivas, laborales y sociales relevantes, especialmente en zonas donde existen pequeños y medianos productores.
El Oro y la importancia del confinamiento
Durante el podcast, los especialistas hicieron referencia a la situación en zonas afectadas de El Oro, provincia clave para la producción de banano. Uno de los puntos mencionados fue la preocupación por el manejo del área donde se identificó la enfermedad y los riesgos asociados a inundaciones durante el invierno.
Macdama explicó que, debido a que las estructuras del hongo no son visibles a simple vista, resulta difícil determinar con precisión hacia dónde pudieron desplazarse si hubo presencia de agua en zonas afectadas. Por ello, insistió en la importancia del monitoreo constante, el aislamiento y la vigilancia técnica.
La experiencia regional también fue parte del análisis. En el diálogo se mencionaron casos como Colombia, donde se han realizado esfuerzos de contención y bioseguridad, y Perú, donde se habló de una afectación importante en zonas productivas. Estos ejemplos fueron utilizados por los especialistas para destacar que la respuesta temprana y coordinada puede marcar diferencias en el manejo del problema.
Bioseguridad como primera línea de defensa
Uno de los mensajes más insistentes fue que la bioseguridad no puede verse como una medida secundaria. Frente al Fusarium R4T, los controles de ingreso a fincas, la desinfección de herramientas, calzado, maquinaria y vehículos, así como la restricción de movimientos en áreas sensibles, se vuelven acciones decisivas.
Los expertos señalaron que la prevención debe fortalecerse no solo en grandes plantaciones, sino también en sistemas productivos con pequeños y medianos productores, donde la articulación con asociaciones, gremios, gobiernos locales y autoridades puede facilitar la aplicación de protocolos.
Sandoya planteó la necesidad de que las asociaciones de productores se conviertan en canales para difundir información técnica, facilitar análisis y acercar herramientas de prevención a quienes están en territorio.
Investigación, diagnóstico y desarrollo tecnológico
Desde la academia, ESPOL ha venido trabajando durante años en investigación preventiva frente a Fusarium R4T, según explicó Macdama en Código Abierto. Entre los esfuerzos mencionados están el desarrollo de protocolos de diagnóstico, manuales técnicos para reconocer síntomas, capacitación y estudios sobre manejo del patógeno.
El investigador también señaló líneas de trabajo relacionadas con microorganismos benéficos, manejo integrado, mejoramiento genético y desarrollo de tecnologías que podrían contribuir a enfrentar la enfermedad.
Otro punto relevante fue la planificación de capacidades especializadas para trabajar con patógenos de forma más segura, incluyendo la idea de contar con un laboratorio de bioseguridad nivel 3, lo que permitiría avanzar en investigaciones necesarias para el sector bananero.
Suelos supresivos y manejo integrado
El manejo del suelo también fue destacado como parte de la estrategia. Se explicó el concepto de suelos supresivos, entendido como la capacidad de fortalecer el suelo y la planta para reducir el impacto de enfermedades.
Esto involucra prácticas como fertilización balanceada, control de pH, manejo de materia orgánica, uso adecuado de microorganismos y monitoreo constante. Sin embargo, los especialistas advirtieron que no basta con aplicar productos biológicos sin conocer su calidad, concentración o efecto real en campo.
La recomendación apunta a una visión integral: combinar bioseguridad, investigación, monitoreo, suelos saludables, asistencia técnica y herramientas de diagnóstico.
Impacto económico y riesgo de retrasar la adopción tecnológica
Uno de los puntos más sensibles abordados por ESPOL fue el posible impacto económico. Macdama mencionó un estudio realizado junto con investigadores de la Facultad de Ciencias de la Vida y del Centro de Investigaciones Rurales de ESPOL, en el que se simularon escenarios de afectación de la zona productiva y retrasos en la adopción tecnológica.
De acuerdo con lo expuesto en el podcast, bajo ciertos escenarios acumulados a 30 años, las pérdidas podrían escalar de forma significativa, incluso hasta valores cercanos a USD 8.000 millones, dependiendo del nivel de afectación, la velocidad de dispersión y la capacidad del país para adoptar soluciones.
El mensaje de los especialistas fue claro: Ecuador ya no está en una etapa de prevención externa, porque el patógeno ya fue identificado en el país. El desafío ahora es evitar su dispersión y acelerar la llegada de conocimiento, tecnología y protocolos efectivos a los productores.
Una respuesta que requiere articulación nacional
La conversación cerró con un llamado a la acción conjunta. Los expertos señalaron que el Fusarium R4T no puede enfrentarse desde un solo frente. Se requiere coordinación entre academia, productores, empresa privada, gremios, autoridades, municipios, prefecturas y organismos de control.
Macdama enfatizó que Ecuador aún está a tiempo de actuar, pero que la respuesta debe ser rápida, planificada, técnica y sostenida. Para el investigador, el país debe asumir el desafío con inversión, conocimiento, bioseguridad y desarrollo tecnológico.
En un sector que representa empleo, exportaciones, cultura alimentaria y sustento para miles de familias, la amenaza del Fusarium R4T obliga a mirar el futuro del banano con responsabilidad.
La conclusión del diálogo en Código Abierto de ESPOL apunta a una idea central: el problema ya está presente, pero su impacto dependerá de la capacidad del país para contenerlo, investigar, innovar y actuar de manera articulada.













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