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De la desidia y otros males

La cadena productiva pesquera, en colaboración con organizaciones no gubernamentales, se encuentra desarrollando proyectos de mejoramiento, motivados por la necesidad de alinearse a los requerimientos de sostenibilidad que los mercados internacionales imponen. En los últimos años, han estado orientados al logro de la certificación del Marine Stewardship Council (MSC), cuyo objetivo es que una organización independiente audite a la pesquería y que se realice un control externo del propio auditor. Se debe aprobar una evaluación sobre tres principios: salud del stock de peces, impactos en el medio ambiente y sistema de gobernanza.

Más de 500 pesquerías alrededor del mundo, cuyas capturas superan los 15 millones de toneladas anuales, han logrado esta distinción. Una vez más, nuestros vecinos nos ganan por mucho. Chile tiene certificados sus cultivos de choros, 318 granjas de salmón y once pesquerías. Ecuador también lo hizo con sus primeras dos pesquerías y en más de 30 mil hectáreas de su poderosa acuicultura camaronera. Perú exhibe un redondo cero, a pesar que nos ufanamos de tener uno de los mares más productivos del planeta y de los ingentes esfuerzos que hacen sus pescadores, armadores, la industria y algunas organizaciones que colaboran en este proceso.

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Cuatro pesquerías peruanas se encuentran desarrollando proyectos de mejoramiento pesquero: la anguila de menor escala, la merluza industrial, la pota y el perico artesanales . Tienen diferentes niveles de avance y de complejidad. La anguila, se halla en 89% de cumplimiento de los requerimientos del estándar MSC. La merluza ha progresado hasta un 80%. La pota y el perico, se encuentran, tras arduos empeños, con niveles de progreso del 74% y 49% respectivamente.

Todas tienen debilidades en el principio de la gobernanza que está a cargo de PRODUCE. Por ejemplo, en la definición de objetivos a largo plazo, en tener roles claramente definidos, procesos de consulta y participación de las partes interesadas, procedimientos de toma de decisiones, cumplimiento del marco establecido y por falta de seguimiento y evaluación de las medidas vigentes para realizar un manejo sostenible. Las pesquerías artesanales de pota y el perico, tienen brechas (en proceso de solución) en la formalidad de las naves y una debilidad en el ordenamiento a nivel supranacional.

El 49% del total desembarcado para consumo humano directo (CHD) proviene de estas 4 especies. Asimismo, constituyen aproximadamente el 60% del valor de nuestras exportaciones pesqueras y acuícolas de CHD. Son fuente de empleo y generan un valor imprescindible en el contexto de la anhelada reactivación económica, aunque encaran grandes desafíos competitivos del comercio mundial. Resulta sumamente importante promover aquellos atributos que añadan elementos diferenciadores a nuestras pesquerías, para sumarles fortalezas en el mercado global frente a productos de otros proveedores.

Obtener la certificación de sostenibilidad es factible y contribuirá a la estabilidad de toda la cadena productiva del sector. El Ministerio de la Producción está llamado a establecer una estrategia para la mejora de aquellos indicadores del principio de gobernanza que no obtienen aún los niveles requeridos. Debe conformarse un equipo específico para este fin que, a mi juicio, debería ser liderado por la titular del sector, quien tendría que incluirlo entre sus prioridades para asegurar la perdurabilidad del mercado de casi el 50% del volumen de pesca de consumo humano del país. Un descuido en este empeño sería un imperdonable freno para el desenvolvimiento estable en el rubro. Estamos a tiempo para proteger el futuro de decenas de miles de pescadores y otros actores que dependen de nuestras prodigiosas riquezas marinas. La desidia no es una opción.

Por Alfonso Miranda

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