Cuando se habla del fenómeno de El Niño en Ecuador, gran parte de la atención suele concentrarse en la Costa debido al riesgo de lluvias intensas, inundaciones y afectaciones a zonas productivas. Sin embargo, la Sierra también debe mirar con atención la evolución del clima. El impacto no necesariamente será el mismo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó a inicios de septiembre que El Niño está plenamente establecido y se espera que continúe fortaleciéndose durante los próximos meses, hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. La probabilidad de que el episodio se mantenga hasta febrero de 2027 es cercana al 100 %.
Para la agricultura de la Sierra, esto plantea una pregunta importante: ¿Qué puede ocurrir si cambian las lluvias y las temperaturas durante momentos críticos de la producción?
El Niño no significa lo mismo en todo Ecuador
Uno de los errores más comunes es asumir que El Niño significa automáticamente lluvias intensas en todo el país. No es así.
La FAO explica que, históricamente, en la zona septentrional de América del Sur los episodios de El Niño se han asociado con precipitaciones inferiores a lo normal durante determinados períodos.
En una región geográficamente diversa como la Sierra ecuatoriana, el comportamiento puede variar entre provincias, valles, zonas altas y estribaciones de la cordillera.
Por eso, más que hablar de un único escenario para toda la Sierra, será necesario seguir los pronósticos y boletines locales del INAMHI, que mantiene monitoreo climático y agrometeorológico específico para las distintas regiones y zonas agrícolas del país.
Menos lluvia puede significar mayor presión sobre el agua
Uno de los primeros efectos que podría sentir la agricultura es una menor disponibilidad de humedad.
Los cultivos que dependen principalmente de las precipitaciones son especialmente sensibles cuando las lluvias llegan tarde, se interrumpen durante períodos prolongados o se distribuyen de manera irregular.
La FAO señala que El Niño puede alterar los patrones de precipitación y temperatura, generando sequías agrícolas capaces de afectar cultivos y pastizales.
En estas circunstancias, los agricultores que cuentan con sistemas de riego pueden tener una ventaja, aunque una demanda más alta de agua también puede generar presión sobre reservorios, canales y fuentes disponibles.
El INAMHI, en sus boletines agrometeorológicos, utiliza precisamente el monitoreo de períodos persistentes con poca o ninguna precipitación para orientar decisiones del sector productivo.
En un boletín de junio de 2026, el organismo identificó zonas agrícolas con ausencia persistente de lluvias y señaló que esta información permite anticipar posibles déficits de humedad.
Esto no significa que aquella situación haya sido causada exclusivamente por El Niño, pero muestra por qué el seguimiento local de humedad y precipitación será cada vez más importante.
La fecha de siembra puede volverse una decisión crítica
En agricultura, no importa solamente cuánto llueve. También importa cuándo llueve.
Si el inicio de las precipitaciones se retrasa, un productor puede verse obligado a postergar la preparación del suelo o la siembra.
Y si las lluvias se interrumpen después de sembrar, pueden aparecer problemas durante la germinación y las primeras etapas de desarrollo.
La FAO recomienda precisamente que, ante riesgos asociados a El Niño, las medidas anticipatorias incluyan revisar fechas de siembra, disponibilidad de agua y cultivos adaptados a escenarios de menor humedad.
Esta planificación puede ser especialmente importante para pequeños productores que dependen de las lluvias y disponen de menor infraestructura de riego.
Los pastos también pueden sentir el impacto
La preocupación no se limita a los cultivos. Una reducción prolongada de precipitaciones también puede afectar el crecimiento de pastizales y fuentes de forraje.
La FAO advierte que los episodios de sequía relacionados con El Niño pueden degradar pasturas, reducir disponibilidad de alimento para animales y generar presión adicional sobre los sistemas ganaderos.
Esto significa que para determinadas zonas de la Sierra la planificación debería mirar simultáneamente:
agua + cultivos + pastos + alimentación animal.
Temperaturas más altas también representan un desafío
El Niño tampoco actúa únicamente sobre las precipitaciones.
La FAO advierte que los episodios fuertes pueden contribuir al incremento de temperaturas y aumentar el riesgo de calor extremo.
En agricultura, temperaturas inusualmente altas pueden provocar estrés en plantas y animales, aumentar la pérdida de humedad del suelo y modificar las necesidades de riego.
La OMM señala además que el evento actual se desarrolla en un contexto global ya más cálido, por lo que el seguimiento de temperatura será tan importante como el de las lluvias durante los próximos meses.
Pero no toda la Sierra debe esperar sequía
Este punto es fundamental. No sería correcto afirmar que El Niño provocará sequía en toda la Sierra ecuatoriana.
La propia OMM advierte que El Niño modifica las probabilidades de determinados patrones climáticos, pero los impactos concretos dependen de cada región.
Pueden existir sectores con déficit de precipitación mientras otros registren lluvias normales o incluso episodios intensos.
Y cuando las precipitaciones son fuertes en zonas de montaña, aparecen otros riesgos: saturación del suelo, erosión, deslizamientos, deterioro de caminos rurales y dificultades para sacar la producción.
Por eso los agricultores deberían observar el comportamiento específico de su territorio, no solamente el pronóstico nacional.
El INAMHI mantiene pronósticos climáticos y boletines agroclimáticos actualizados precisamente para apoyar esa toma de decisiones.
Anticiparse puede marcar la diferencia
La principal recomendación de los organismos especializados no es esperar a que aparezca el problema. Es anticiparse.
La FAO destaca que El Niño puede pronosticarse con meses de anticipación y que esa ventaja permite implementar acciones preventivas para proteger cultivos, ganado, fuentes de agua, infraestructura y medios de vida rurales.
Para un productor de la Sierra, esto puede significar revisar con anticipación disponibilidad de agua, sistemas de riego, estado del suelo, fechas de siembra, reservas de alimento para animales y pronósticos locales.
No existe una única receta. Cada cultivo y cada territorio tienen necesidades distintas.
La Sierra también tiene que prepararse
El Niño de 2026-2027 vuelve a recordar que los riesgos climáticos para la agricultura ecuatoriana no terminan en la Costa. En la Sierra, el desafío puede presentarse de otra manera.
Menos lluvia, lluvias irregulares, mayor temperatura o eventos extremos localizados pueden alterar la planificación de la producción.
La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuánto lloverá.
Debería ser: ¿Qué tan preparados están los productores de la Sierra para una campaña con mayor incertidumbre climática?
En Actores Productivos queremos conocer lo que ya está ocurriendo en territorio.
Agricultores y ganaderos de la Sierra: ¿cómo están las lluvias y la disponibilidad de agua en su zona?
Cuéntennos su provincia, cantón y qué están observando.













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